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Campaña por una Educación no Discriminatoria en América Latina: 21 de junio. Por Moema Viezzer Del sexismo en la educación a la educación para la equidad. Por Las Dignas
La Discriminación y la interseccionalidad en la discriminación Por
Fanny Gómez
Campaña
por una Educación no Discriminatoria
en América Latina: 21 de junio El lenguaje sexista llegó a ser objeto de estudio tratado en los más distintos niveles de gobierno, llegando al ámbito de las Naciones Unidas. En su 24ª sesión, la Asamblea General de la UNESCO examinó la necesidad y la conveniencia de eliminar de los registros escritos y de los discursos orales “todas las formas discriminatorias de lenguaje” con relación a la mujer. Juntamente con otras cuestiones relativas al nuevo status adquirido por la mujer han sido trabajadas una serie de normas y resoluciones, editados manuales de estilo y de redacción e implantadas reglas diversas relativas a esa cuestión. La UNESCO publicó, incluso, una serie de Directrices para un lenguaje no-sexista. Un
tema planetario de educación permanente
En
este sentido, cambiar el lenguaje sexista significa aceptar el desafío
de romper con sistemas de educación y prácticas sexistas para crear
nueva conciencia y nuevas actitudes y formas de relación entre
hombres y mujeres. Este tema relevado por el más grande movimiento
social mundial del siglo XX – el movimiento de mujeres – ha
entrado en la agenda de varias conferencias mundiales del último
cuarto del siglo XX, cuando las mujeres han emergido en el escenario
internacional. El resultado mayor de esa conferencia fue la Plataforma Mundial de Acción, orientada a proteger los derechos humanos de las mujeres, respetando sus características individuales de raza, etnia, edad, condición física, social, estado civil y cultura. El gobierno brasileño también ha firmado sin reservas la Plataforma con el elenco de propuesta que los gobiernos de todo el mundo deben implementar en las siguientes áreas: pobreza, educación, salud, violencia, derechos humanos, medio ambiente, comunicación, ejercicio del poder y participación política. Por increíble que pueda parecer, algunos representantes de gobiernos fundamentalistas presentes a la Conferencia han tenido dificultad en firmar los párrafos en que se afirma que “los derechos de las mujeres son derechos humanos”. Es un dato que revela el alcance de esa cuestión todavía pendiente en el ámbito planetario. De ahí se ve claramente la necesidad de esfuerzos especiales para cambiar las mentalidades de cientos de miles de personas que todavía son formadas de acuerdo a creencias, valores, leyes y costumbres que han discriminado al sexo femenino durante milenios. El capítulo de la Plataforma sobre Educación señala algunas de esas cuestiones a resolver:
Por su vez, la UNESCO, en la V Conferencia de Educación de Jóvenes y Adultos realizada en Hamburgo en el año 2000, fue muy insistente en la necesidad de revisar totalmente nuestros patrones mentales, desarrollando nuevas actitudes y adquiriendo nuevas habilidades para una convivencia armoniosa entre mujeres y hombres en sociedad. La revisión del lenguaje se incluye en su expresión más amplia, de representación social, pues al volverse distinta en las personas jóvenes y adultas repercutirá, naturalmente, en la educación de niñas y niños. En Campaña por un lenguaje y una educación no sexistas Desde 1991, la Red Latinoamericana de Educación Popular entre Mujeres – REPEM - realiza, a cada año, una Campaña de Educación No-sexista con fecha marcada: 21 de junio. Ese día, en los varios países del continente, centenares de miles de textos, poemas, letras de canciones, dibujos, obras de teatro, concursos, programas radiales y de TV, publicaciones, seminarios, etc, expresan, en gran diversidad de aproximaciones que “A=0”. Además de las escuelas y universidades, la Campaña busca llegar a las empresas, órganos públicos, organizaciones de la sociedad civil, donde la redacción de comunicados y documentos, pronunciamientos y charlas, publicaciones y materiales educativos puede expresar una nueva postura frente a la misma cuestión: “A=O”. Definitivamente, el reconocimiento de la igualdad de derechos humanos de hombres y mujeres en su diversidad de condición humana pasa también por un lenguaje no-sexista. Naturalmente, eso va a suceder cuando igualmente sea modificada la práctica de las personas que deciden incluir en sus vidas el “aprendizaje permanente de la partilla del poder, del saber y del bienquerer entre mujeres y hombres conviviendo en sociedades que se fundamentan en la igualdad, equidad y reciprocidad. Porque A=0 .” Educación no-sexista y no-discriminadora es educación inclusiva.A partir de 1998, la campaña cambió de nombre. De educación no-sexista a educación no-discriminadora. Este cambio llegó como evolución normal de los acontecimientos y del involucramiento de REPEM con las grandes campañas antirracistas Es normal que así sea. Porque la mujer, discriminada por ser mujer, vive la discriminación de género de formas diferenciadas a partir de su condición de clase, de raza y etnia o de edad. De esa manera, la Campaña de educación no-sexista y no-discriminadora es, en última instancia, una campaña de educación inclusiva de todos os seres humanos - mujeres y hombres – en los varios ciclos de la vida.(*)
Socióloga
y educadora feminista brasileña. Fundadora y socia honoraria de la
Rede Mulher de Educação y fundadora de REPEM.
Sexismo y educación Si un ser de otro planeta visitara El Salvador y preguntara a algunas personas qué es “sexismo” seguramente obtendría respuestas confusas o desacertadas, ya que es un término todavía poco conocido y que genera cierta desorientación. El sexismo, como el racismo, se refiere a la discriminación de las personas. El primero, por pertenecer a uno u otro sexo; el segundo, por cuestión de la raza a la que se pertenece. Es decir, aspectos físicos – biológicos, como el color de piel, llevan a algunas personas a considerar a un grupo inferior a otro: piensan que la población negra o indígena “es inferior” a la blanca. Igualmente, el hecho de tener vulva o pene diferencia a las personas desde su nacimiento. Ante este hecho, una mayoría piensa que una parte de la población es inferior a la otra y no tiene los mismos derechos. Hoy en día pocas personas manifiestan abiertamente que son racistas, ya que ello denota una actitud discriminatoria y violadora de un derecho humano universal, como es el respeto a todas las personas sin ningún tipo de distinción. En cambio, el sexismo se encuentra perfectamente arraigado en la sociedad de tal forma que se ha llegado a “naturalizar”, creyendo que es un hecho inmutable. Es decir, las diferencias físicas entre hombres y mujeres son naturales, por tanto, algunas personas piensan que los comportamientos, actitudes y funciones sociales también lo son y no se pueden cambiar. Esta percepción, basada en prejuicios y estereotipos infundados, es la que impide a menudo que más de la mitad de la población – las mujeres – gocen de los mismos derechos que los hombres. Por lo tanto, se puede definir el sexismo como una forma de discriminación por razones de sexo que se da de manera universal y que promulga la desigualdad social entre hombres y mujeres, afectando mas negativamente a éstas, quienes encuentran límites y dificultades para su desarrollo pleno como seres humanos. Ejemplos de sexismo en la vida diaria hay muchos, como establecer algunas funciones como femeninas en el ámbito laboral: ”esto es de mujeres y aquello es de hombres”; o rechazar a una candidata a un puesto por el único hecho de ser mujer y por considerarla poco “rentable” si se queda embarazada, entre otros. A pesar de que las mujeres son las mas afectadas por este tipo de discriminación, también en los hombres hay consecuencias negativas. El sexismo limita en los hombres conductas y actitudes determinadas, y por lo tanto, afecta su desarrollo como personas. Cuando se dice “los niños no lloran” o “los hombres no tienen miedo”, se están prohibiendo sentimientos o comportamientos humanos a los hombres. No obstante, aunque el sexismo tiene consecuencias negativas para ambos sexos, éstas se duplican para las mujeres, porque en una sociedad como la actual, se sitúa a las mujeres en una posición de inferioridad y de dependencia, mientras que a los hombres, les proporciona mas poder sobre su entorno, haciéndolos protagonistas. Es por esto que comúnmente se entiende por sexismo también las creencias y las prácticas que mantienen la subordinación de las mujeres respecto a los hombres. El sexismo no suele manifestarse de manera explícita o consciente, sino que las personas lo incorporan a su forma de ser, su cultura, sus valores y su visión del mundo, de manera que lo reproducen de forma automática y lo transmiten de generación en generación sin ser conscientes de ello. Desde que una niña o un niño nace, comienza su formación, su integración a la sociedad, es decir, su socialización. Es con esta socialización que se inicia también el proceso de discriminación. En un principio, a través de la socialización llamada primaria, la familia representa el primer entorno social del/la bebé y es la que inculca las primeras normas sociales, de manera que cuando crecen y llegan a la escuela, ya tienen un base sexista que en lugar de ser erradicada, se refuerza. La escuela es el sitio donde muchas niñas y niños pasan la mayor parte de su infancia y adolescencia, siendo el lugar destinado para la enseñanza y preparación de la vida adulta, convirtiéndose al mismo tiempo en el espacio de transmisión de la cultura, los valores, las costumbres y por lo tanto, de los patrones y las formas de discriminación. Las bases del actual sistema educativo se remontan al siglo XVIII, cuando se promovía la idea de que los hombres y las mujeres fueron creados por Dios para diferentes destinos, por lo tanto, su educación debía ser también diferenciada. Mientras que los niños debía aprender a leer, escribir, contar, etc. las pocas niñas que accedían a la escuela, debían aprender a rezar, coser y otras labores domésticas. Es a finales del siglo XIX cuando empiezan a plantearse algunas propuestas que defienden decididamente la necesidad de que las mujeres reciban una educación escolar más sólida y equivalente a la de los varones. Inicia así “una oportunidad de las mujeres para aprender cosas de hombres” (Subirats, Marina 1994). Durante el siglo XX, y sobre todo en la segunda mitad. Los sistemas educativos de los diferentes países fueron implantando la educación mixta de manera generalizada y las mujeres fueron accediendo masivamente a escuelas para ambos sexos; sin embargo el enfoque – inicialmente “para hombres”- del currículo académico no varió y las mujeres tuvieron que adaptarse a la escuela “masculinizada” si querían integrarse al sistema educativo. Es fundamental comprender y tener esto presente para darse cuenta de que una escuela mixta, donde conviven hombres y mujeres, niñas y niños, tampoco es garantía de una socialización libre de discriminación. Es decir, el sexismo está presente en todos los ámbitos de la vida y los seres humanos “conviven” con él cotidianamente. Es a partir de esta universalización, que la educación – sobre todo en los primeros años escolares – pasó a ser una profesión de mujeres. *La educación infantil se relacionaba cada vez más con el rol materno de las mujeres, llegando a considerarse la enseñanza parvularia y primaria como una continuidad del trabajo de cuidar niños y niñas que les correspondían a las madres. Con la incorporación de las mujeres en la profesión docente, ésta empieza a perder prestigio y valor social exceptuando los niveles superiores, donde los encargados de la docencia siguen siendo en su mayoría hombres y a ala cual las mujeres siguen teniendo limitaciones “no formales” para su acceso, su promoción y su remuneración económica. En la escuela, instituto, universidad, conviven hombres con mujeres, pero es en estos espacios donde se ve mas claramente el trato diferenciado de los dos sexos, dándose situaciones claras en las que no se trata de igual forma a unos que a otras, o no se comportan del mismo modo las unas y los otros. Cotidianamente se pueden encontrar ejemplos de las diversas manifestaciones sexistas y discriminatorias, tanto en el ámbito escolar básico, como en los niveles medios y superior, e incluso entre el mismo personal docente. Por lo general dichas situaciones no suelen mostrarse de manera explícita, si no que son fruto de las prácticas estereotipadas que cotidianamente se reproducen y transmiten a través de las costumbres y tradiciones arraigadas en la sociedad, en definitiva forman parte del currículo oculto’ de las personas. Por ello, es difícil visibilizarlas en un primer momento si no se ha tenido un proceso de sensibilización e identificación del sexismo social, es decir, si quien observa no tiene “un ojo crítico no sexista”. Algunos ejemplos sexistas son: - Tendencia a dar más la palabra a hombres/niños que a mujeres/niñas. Ellos participan más activamente y se toman el protagonismo en las actividades comunes mixtas. En algunas ocasiones, cuando ellas exponen sus ideas o se dirigen al grupo, se les interrumpe o se les presta menos atención que cuando hablan ellos. - Se valoran de manera diferente los resultados académicos de alumnas y alumnos, sobre todo en las materias técnicas y científicas, aumentando esta sesgada valoración según aumenta el grado escolar (bachillerato y estudios superiores). - Algunos/as docentes ponen “a prueba”, de manera sistemática e insistente a lo largo de todo el año escolar, las capacidades y habilidades de las alumnas que han decidido estudiar carreras o profesiones consideradas “tradicionalmente masculinas” como por ejemplo, especialidades industriales –mecánica, electrónica- y agrícolas, entre otras. Sin embargo, esa presión consciente no suele darse en el caso de alumnos que deciden estudiar carreras “femeninas” –que por estar menos valoradas social y económicamente no suelen atraer al sector masculino –como el caso de salud, enfermería o secretariado (en el cual, hoy por hoy es nula la participación masculina). - Aunque las normas y reglas se dirigen a ambos sexos por igual, en la práctica, inconscientemente, se suele normar y controlar más la conducta y disciplina en los varones, pues se considera que las niñas son más obedientes y calladas. En cambio, a las alumnas se les controla su presentación y apariencia física –vestuario, maquillaje y postura corporal -, excepto cuando se las incentiva para que sean candidatas a la elección de la reina, o cachiporristas, valorando así su belleza y su cuerpo. Así pues, detectar dichas manifestaciones y situaciones de desigualdad e iniciar un proceso consciente de cambio es el primer paso para impulsar una educación no sexista. ENFOQUE DE GENERO, IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, EDUCACIÓN NO SEXISTA En la sociedad en general existe confusión e ideas contradictorias en la terminología referente al genero: educación no sexista, enfoque de genero, equidad de genero, igualdad de oportunidades, etc., son algunos de los conceptos heterogéneos que se describen a lo largo del libro. Todos ellos están interrelacionados y tienen un marco común desde las teorías feministas, por un lado, y desde los estudios sociales de genero, por otro, pero no son sinónimos. Sin embargo estos no son dogmas inalterables, sino que sus planteamientos y enfoques van evolucionando a medida que lo hace la sociedad. Por eso es necesario situar las diferentes tendencias que se han dado a lo largo de las ultimas décadas. Una afirmación que se escucha a menudo es “hombres y mujeres tenemos los mismos derechos”, sin embargo esto no es del todo cierto ya que con frecuencia los derechos humanos suelen ser irrespetados y violentados, sobre todo en el caso de las mujeres que históricamente han sido consideradas ciudadanas de segunda categoría. Por ello es necesario señalar que los principios de “libertad” y “derecho” dependen en gran medida de la posición socio-económica que se ocupa -aunque no únicamente-, puesto que la condición racial influye también de manera considerable en la desigual valoración de los grupos sociales. Así pues, en los sectores de la sociedad mas desprotegidos y de escasos recursos, hombres y mujeres sufren desigualdades sociales y a menudo no poseen los mismos derechos que las clases acomodadas. Sin embargo, en todos los estados sociales, las mujeres, solo por el hecho de serlo, enfrentan mas discriminación y mayores violaciones a sus derechos que los hombres; es pues –para ellas- una doble discriminación que se triplica en el caso de no pertenecer a un grupo racial blanco: una mujer pobre y “no blanca” soporta marcadamente una mayor discriminación. El concepto de igualdad de oportunidades se puede aplicar ante cualquier situación de desigualdad social, ya sea esta de orden económico – entre población rica y pobre-, racial-entre una y otra raza o etnia-, o, en este caso, entre los géneros –mujeres y hombres-. Es la situación en la que las mujeres y los hombres, -como sujetos diferentes pero con el mismo valor y por tanto la misma posibilidad de acceso, promoción y goce de derechos-, puedan realizarse intelectual, física y emocionalmente, alcanzando las metas que establecen para su vida desarrollando sus capacidades potenciales sin distinción de genero, clase, etnia, sexo, edad, religión, etc. Ángeles Jiménez (en Amoros, Celia, 1995:143) afirma que “la igualdad admite diferencias, pero no desigualdades. Mientras que la desigualdad supone discriminación y privilegio, la diferencia implica diversidad entre cosas de una misma especie, lo cual permite distinguirlas unas de otras, sin que ello implique necesariamente discriminaciones ni privilegios de ningún tipo...” Gloria Bonder (1994) sostiene que el significado mas común al termino igualdad de oportunidades es que las mujeres y los hombres deben tener las mismas oportunidades en términos de derechos formales y de acceso a iguales beneficios en el plano educativo, del trabajo remunerado, del status social y de bienes económicos. Sin embargo, el concepto es ambiguo y se presta a distintas interpretaciones que, por otro lado, tienen consecuencias ulteriores en la definición de políticas en este campo. Es necesario reflexionar sobre todas las interrogantes planteadas anteriormente y formular una ultima cuestión fundamental: ¿pueden conseguirse efectivamente las mismas oportunidades cuando más de la mitad de la población –las mujeres- parten de condiciones de desigualdad? La educación no sexista La educación no sexista, conocida en otros países como “coeducación”, es un proceso de cambio de actitudes y de enfoque en la enseñanza dirigido a toda la comunidad educativa con la finalidad de lograr el desarrollo integral de ambos sexos para alcanzar una verdadera igualdad de oportunidades y derechos. Para ello, se promueve el desarrollo de la personalidad individual sin las barreras del género, detectando el sexismo ideológico y cultural existente, así como erradicando la subordinación y desigualdades sociales de las mujeres. Es una propuesta global que cuestiona que se enseña, para que se enseña y como se enseña. Así pues, no se trata de crear nuevas áreas, si no de penetrarlas todas. Además resulta imprescindible que en este proceso innovador se implique toda la comunidad: estudiantes, docentes, madres, padres, personal administrativos y de servicio del centro escolar (Brotons, Paloma, 1987). En realidad, la educación no sexista es escasamente conocida en El Salvador y resulta muy limitada todavía su implementación. En ese sentido, tanto la Reforma Educativa como la Política Nacional de la Mujer contemplan la importancia de promover la igualdad de oportunidades, pero no mencionan la necesidad estratégica de establecer una educación no sexista que asegure la consecución real de una igualdad de facto. Está comprobado a través de diferentes experiencias internacionales y por estudios sociológicos realizados en los últimos años, que la igualdad de oportunidades formal y/o legal resulta insuficiente y ficticia si no se acompaña de la promoción de igualdad de oportunidades sociales; es decir, la igualdad formal de derechos no garantiza la equidad de genero si no se plantean medidas específicas a tal fin. “Previsiblemente el sexismo seguirá vigente hasta que no seamos capaces de dar paso a unas manifestaciones humanas nuevas y diferentes, que trasciendan las dicotomías existentes y que generen un nuevo tipo de persona en la que la pertenencia a uno u otro sexo no sea ni prefigurador ni condicionador de actitudes y conductas” (Fabra, M.Lluissa, 1996) |
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International Council for Adult
Education,
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