"Reflexionando sobre las
migraciones y sobre el papel de la educación a lo largo de la vida"
por Sofía Valdivielso
Oficina de Educación y Género del
ICAE
Reflexionar sobre las
migraciones y sobre el papel que la educación a lo largo de la vida ha
de jugar en la construcción de sociedades interculturales implica
necesariamente reflexionar sobre el tema de las identidades culturales,
teniendo en cuenta, además, que la construcción social de las
identidades siempre tiene lugar en un contexto marcado por relaciones
de poder.
Todas las identidades son construcciones culturales. Las identidades
sociales y culturales pueden construirse desde dentro y desde fuera. La
primera produce identidades cerradas auto referentes centradas en la
tradición y otras lo hacen desde fuera dando lugar a identidades
abiertas en permanente proceso de construcción. En el primer caso
hablamos de identidades de resistencia, en el segundo de identidades
proyecto (Castells, 1997)
Cuando la identidad se genera por aquellos actores sociales que se
encuentran en una posición de subordinación respecto al grupo dominante
atrincherándose en principios diferentes u opuestos a los de aquellos,
hablamos de identidad de resistencia. Es el caso de las minorías
culturales que no se sienten reconocidas ni respetadas por los grupos
dominantes. Cuando no podemos disfrutar de los beneficios de los
cambios, cuando vivimos esos cambios como amenaza, como pérdida de
identidad entonces nos atrincheramos y volvemos a la esencia y aquellos
que quedan fuera de esas fronteras esenciales los convertimos en
enemigos. Teniendo el sentimiento de que no tenemos lugar, de que
estamos excluidos ponemos en marcha también procesos de exclusión y así
los excluidos se convierten en exclusores.
Las sociedades multiculturales se caracterizan porque en su seno
conviven distintas culturas. Estas distintas culturas comparten un mismo
espacio físico pero no hay intercambio cultural entre ellas, no hay un
espacio intersubjetivo. Cada grupo se atrinchera en su identidad
cultural y ven a los otros como amenaza. Esto es muy peligroso porque se
abona el terreno para que surja lo que Sousa de Santos denomina fascismo
social que se traduce en racismo, intolerancia y xenofobia y que abona
el terreno para el desarrollo de los distintos fundamentalismos.
En las encuestas que los gobiernos europeos realizan para saber cuáles
son los problemas que más preocupan a la ciudadanía, la inmigración está
en los primeros lugares. El debate social no es sólo en torno a la
cantidad de inmigrantes que Europa puede absorber sino en torno a la
legitimidad de determinadas prácticas culturales. Están los que
defienden que hay que respetar las diferencias, cualquiera que ella sea
y otros que defienden la necesidad de imponer ciertos límites porque si
bien todas las culturas son respetables, no todas las prácticas
culturales lo son (matrimonios concertados, mutilación genital femenina,
imposición del velo, guarda del honor, poligamia, etc). Todas estas
prácticas culturales patriarcales vulneran los derechos humanos de las
mujeres y por tanto un Estado de derecho ha de legislar sobre ello,
impidiendo que se desarrollen dentro de sus territorios.
Las leyes por si solas no producen cambios. Se hace necesario trabajar
para transformar determinados códigos culturales que legitiman prácticas
que vulneran los derechos humanos. Y aquí la educación a lo largo de la
vida tiene un papel muy importante que cumplir. La integración de los
inmigrantes provenientes de culturas que legitiman la subordinación de
las mujeres, que las convierten en esclavas, que las encierran en casa y
les impiden cualquier contacto con la cultura del país de acogida, que
las casan siendo menores de edad, que las matan si se atreven a
construir su propio proyecto de vida, pasa necesariamente por criticar
abiertamente estas prácticas culturales y por impedirlas.
La educación a lo largo de la vida debe favorecer la construcción de
identidades proyecto, dirigidas a producir un actor social colectivo
mediante el cual los individuos construyen un sentido integral de su
experiencia. En este caso la construcción de la identidad es un proyecto
de vida diferente que persigue la transformación de la sociedad como
prolongación de ese proyecto de identidad. Esta nueva identidad será la
base sobre la que se construyan sociedades realmente interculturales en
las que no sólo se comparte un mismo espacio físico sino también un
mismo espacio intersubjetivo cuyo marco son los derechos humanos.