Seminario Virtual del ICAE
preparatorio a CONFINTEA VI

 

 

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Tema 3: Pobreza, Educación y Trabajo  

Pobreza, educación y trabajo
Algunas ideas introductorias

Ana Agostino

 
La educación a lo largo de toda la vida es por lo tanto más que un derecho: es una de las claves del siglo XXI. Es a la vez consecuencia de una ciudadanía activa y una condición para la participación plena en la sociedad. Es un concepto sumamente útil para fomentar el desarrollo ecológicamente sostenible, para promover la democracia, la justicia y la igualdad entre mujeres y hombres y el desarrollo científico, económico y social, así como para construir un mundo en el que los conflictos violentos sean sustituidos por el diálogo y una cultura de paz basada en la justicia. La educación de adultos puede configurar la identidad ydar significado a la vida. Aprender durante toda la vida significa replantear los contenidos de la educación a fin de que reflejen factores tales como la edad, la igualdad entre hombres y mujeres, las discapacidades, el idioma, la cultura y las disparidades económicas”.
Declaración de Hamburgo,  1997


La pobreza y la desigualdad son los mayores desafíos a los que se enfrentan los seres humanos en el Siglo XXI. Las estadísticas sobre pobreza global no siempre coinciden en la dimensión del problema pues hay distintos enfoques sobre cómo medir la pobreza y sobre todo cómo definirla y caracterizarla. Pero con independencia de si 1.600 millones de personas viven en pobreza (utilizando la definición del Banco Mundial de vivir con menos de 1 dólar estadounidense por día) o más o menos- si se toman otras definiciones, los números resultantes siempre llevan a la indignación. Y eso es así precisamente porque no se trata de números sino de seres humanos que viven en un mundo de abundancia y en el que a pesar del sobre-consumo, el derroche y el gasto que caracteriza a la sociedad capitalista mundial, millones de niños y niñas, de mujeres y hombres viven sin la posibilidad de satisfacer sus necesidades más elementales, mueren de enfermedades prevenibles y curables, están excluidos de procesos democráticos, padecen discriminación y explotación y se les niega la posibilidad de decidir con autonomía sus destinos.

Superar la pobreza y la desigualdad son por lo tanto las tareas más importantes que deben motivar la formulación de políticas públicas, la investigación y también el campo de la educación, sobre todo el de la educación de personas adultas si tenemos en cuenta la cita de la Declaración de Hamburgo al comienzo de estas notas. Pero cómo entendemos y definimos la pobreza no es irrelevante puesto que el camino o los caminos a seguir para su erradicación variarán si nos adherimos a las definiciones tradicionales que sólo se refieren a los aspectos materiales y económicos o si la ubicamos en el marco de una concepción de derechos humanos.

Cuando definimos la pobreza como la violación sistemática de derechos sociales, económicos y políticos, nos alejamos de concepciones para las cuales el crecimiento económico aporta la solución. Si ubicamos los derechos humanos en el centro del paradigma en lugar del lucro, ya no se espera que los seres humanos actúen exclusivamente de acuerdo con las reglas del mercado y vivan con las consecuencias sino que se implementan políticas para asegurar que cada persona tenga los medios para el pleno desarrollo de su personalidad y el ejercicio de la ciudadanía. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales reconoce que “con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos”.

Una estrategia central para combatir la pobreza es, por lo tanto, poner en práctica políticas sociales que aseguren a los y las ciudadanas el pleno ejercicio de sus derechos. Esto va más allá del acceso al ingreso y a recursos materiales que garanticen un modo de vida y sustento y la satisfacción de necesidades básicas. Tiene que ver además con la participación activa en procesos democráticos, con la seguridad humana, la igualdad en la sociedad y en el hogar, con la protección ambiental, entre otros aspectos. Y tiene que ver, también, con tener las capacidades necesarias para involucrarse en estos procesos de manera de poder elegir un destino para nuestras comunidades que no haya sido previamente definido e impuesto por otros.

La idea de imposición es muy importante cuando se debate sobre estrategias para erradicar la pobreza ya que uno de los resultados del proceso de globalización ha sido la negación de la diversidad y la homogenización no sólo de la manera en el que el mundo es interpretado sino también de las prácticas y mecanismos en los que se espera que respondan pueblos diversos a sus necesidades y desafíos particulares. Si coincidimos en que la pobreza es multidimensional y que se manifiesta de diferentes maneras como consecuencia de condiciones globales tanto como condiciones regionales y locales, también deberíamos coincidir en que las soluciones han de ser necesariamente multidimensionales y, sobre todo, relevantes para cada cultura. No hay respuestas universales para la pobreza y la desigualdad, excepto aquellas que tienen que ver con el sistema global: comercio justo (en lugar de comercio libre), eliminación de las deudas que impiden que las economías nacionales respondan a las necesidades locales, supresión de las condiciones asociadas a la ayuda al desarrollo de manera que los planes nacionales puedan definirse en función de prioridades nacionales, son apenas ejemplos de algunas medidas globales que tendrían un impacto en varias sociedades en el mundo. Pero más allá de ese tipo de medidas es necesario defender el derecho de cada sociedad, y de grupos específicos dentro de cada sociedad, a que pongan en práctica respuestas que son relevantes para ellos desde el punto de vista social y cultural.

Este punto se constituye en uno de los mayores desafíos para la educación de personas adultas en relación con la erradicación de la pobreza: la posibilidad de apoyar procesos de auto-determinación y auto-descubrimiento en lugar de orientarse a la eficiencia y el crecimiento económico. La educación puede ser instrumental en el sentido de aportarles a las personas las habilidades necesarias para integrarse al sistema productivo y actuar con eficiencia (con resultados personales como ingreso y resultados para el buen funcionamiento del mercado), o puede enfocarse en la integración de las personas no sólo en la esfera económica de la sociedad sino también en las dimensiones sociales, culturales y políticas. Esto tiene que ver con un entendimiento respecto a cómo funciona la sociedad, a nuestro rol en esa sociedad, el rol de otros actores y la mutua interacción, comprendiendo sus respectivas contribuciones u obstáculos que plantean, y la identificación de las posibilidades que existen o que deben ser construidas para transformar esa sociedad para beneficio de toda la ciudadanía, respetando sus diferencias y particularidades.

De la misma manera que definir la pobreza como la carencia de bienes materiales o como la sistemática violación de los derechos humanos tiene un impacto en las estrategias a elegir para la erradicación de la pobreza, entender la educación como instrumental para el buen funcionamiento de los mercados o como esencial para el pleno desarrollo de los seres humanos como ciudadanos y ciudadanas activas va a tener un impacto directo en cómo enfoquemos la educación de personas adultas en relación con el trabajo.

Primero que nada es importante ver al trabajo como multidimensional, tanto como la educación misma, y tomar distancia de definiciones de trabajo que lo vinculan a relaciones de dependencia en función de la generación de ingresos. El trabajo es una tarea productiva que les otorga a las personas un sentido de capacidad, creatividad y realización que resulta en asegurar su modo de vida y sustento. Entender el trabajo de acuerdo con esta concepción permite incluir tareas esenciales, practicadas generalmente por mujeres, que están en la base de la reproducción social pero cuya contribución generalmente se ignora.  También nos permite alejarnos de la visión tradicional del concepto de economía basado en el principio de escasez. Éste asume que los medios son escasos y deben ser asignados de la mejor manera posible para responder a necesidades que son ilimitadas. Es decir, deben ser maximizados o economizados y el espacio privilegiado para realizar esto es el mercado. Una visión distinta de la economía se refiere a la dependencia de los seres humanos para su sobrevivencia respecto a la naturaleza y a los otros seres humanos. Desde este punto de vista la interacción entre las personas y entre éstas y el medio ambiente es, también, la economía.

Este enfoque nos lleva a una conceptualización de la educación y el trabajo orientada al desarrollo de capacidades para la vida (“life skills”), al reconocimiento de las habilidades y activos de las personas (no sólo activos materiales sino personales, culturales, sociales, etc.) que le permitirán su integración a la sociedad y una participación activa en su transformación. La educación y el trabajo se determinarán mutuamente en el sentido que la educación no será vista sólo como instrumental para la adquisición de habilidades específicas que les permitirán a las personas integrarse al mercado laboral sino como un fin en sí mismo. Y de esta manera el trabajo la implementación de actividades productivas que colaboran con el mejoramiento de los modos de vida y el sustento- también aportará al objetivo de ensanchar las oportunidades educativas otorgándoles a las personas una mejor comprensión de sí mismas, de su cultura, de sus sociedades y del mundo en general. También promoverá la reciprocidad, en el entendido que el mejoramiento de las condiciones de vida no se limita a la disponibilidad del ingreso sino que también depende de las interacciones entre los seres humanos y del aporte que cada uno pueda realizar de acuerdo con sus capacidades y conocimiento.

Ver Massa Arzabe, Patricia Helena: “Human Rights. A New Paradigm”, en van Genugten, Willen and Perez Bustillo, Camilo (Editores): “The Poverty of Rights, Human Rights and the Eradication of Poverty”, Zed Books, Londres y Nueva York, 2001, p. 30.
Ver Polanyi, Karl: “The Livelihood of Man”, Academic Press, Nueva York, 1977. p. 20.

 

 


 

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