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Educación y pobreza
IntroducciónJulia Preece, Universidad Nacional de Lesotho (Extractos de Convergence artículo 2006) La pobreza puede ser tanto una consecuencia como un factor que contribuye a la exclusión educativa. Este trabajo plantea que la pobreza y la exclusión tienen múltiples dimensiones. Necesitan un enfoque multisectorial y en varios niveles de educación si son los sectores más vulnerables de la sociedad los que se beneficiarán a partir de las iniciativas para transformar la exclusión en inclusión. Sin embargo, este trabajo también plantea que no toda la educación contribuye a reducir la pobreza. Para demostrar y explicar mi afirmación, resumo la naturaleza multidimensional de la pobreza, seguida de algunas pruebas de la relación entre pobreza y grupos sociales marginados, y cómo las consecuencias de la pobreza crean un ciclo continuo de desventaja educativa. En la conclusión, propongo algunos factores que deben estar en su sitio para maximizar esas consecuencias positivas. Utilizo el término “reducción” en lugar de “erradicación” deliberadamente. Esto es porque la educación por sí misma no puede erradicar la pobreza. Es un factor dentro de una complejísima matriz de influencias globales. Antes de pasar a las definiciones, veamos algunas estadísticas que destacan el vínculo entre pobreza y educación. El panorama mundial El panorama mundial de la pobreza se ve generalmente representado por indicadores estadísticos de rendimiento. De esta forma, por ejemplo, la pobreza absoluta se calcula en vivir con menos de $1 por día. En términos de educación, se cita al África sub-Sahariana como la zona que tiene tan sólo un 55% de inscripción a la escuela primaria frente al promedio mundial de 90%. Las mujeres y las niñas sufren desproporcionadamente en estas estadísticas. De los 104 millones de menores entre 6 y 11 años que no van a la escuela, 60 millones son niñas. Al menos 100 millones de niñas abandonarán la educación antes de completar la escuela primaria. El discurso dominante construye una imagen global de países pobres y de lo que constituye la pobreza, negando así las causas subyacentes de la pobreza como las prácticas comerciales injustas o las relaciones de poder desiguales. El desarrollo, definido principalmente en términos de reducción de la pobreza, es un discurso que se mide, consecuentemente, a través de las estadísticas anteriores. Las iniciativas para tratar la pobreza se relacionan con estos indicadores de rendimiento y reflejan la esencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). A pesar de estos discursos dominantes, ahora se reconoce comúnmente que la pobreza es más compleja de lo que presentan estas cifras austeras. Y este trabajo plantea que la contribución de la educación no es tan sencilla como pueden indicar simples cifras de inscripción. La pobreza como multidimencional La pobreza tiene múltiples definiciones y múltiples formas de expresarse. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD 2002) describe la pobreza en términos de ingreso, capacidad y participación, reconociendo que la pobreza conduce al trauma, a la impotencia y a la vergüenza, entre otras cosas. Otras definiciones también tienden a rechazar la noción de que la pobreza se asocia simplemente a los ingresos. Puede implicar falta de autodeterminación, de autoestima y de democracia participativa (Sen 1999). Si recurrimos a estas diversas perspectivas, podemos elaborar una tipología de las dimensiones de la pobreza que Sen ha caracterizado como “unfreedoms”. Pobreza de capacidad Sen (1999) conceptualizó la privación económica como una ausencia de libertad para participar en la vida económica. Esto incluye una privación de la variedad de cosas que la gente puede hacer, del conocimiento y las aptitudes necesarias para actuar independientemente por la productividad o por el consumo para el bienestar personal. Poca educación y conocimientos sobre cómo desafiar sistemas desiguales perpetúan la exclusión y el aislamiento. Esta capacidad "unfreedom" crea un papel de dependencia para las personas que quedan entonces atrapadas dentro de un círculo vicioso de escasas aptitudes que les impiden obtener trabajos mejor remunerados, perpetuando así el ciclo de necesidades hacia la generación siguiente. Pobreza participativa Como complemento a la pobreza de capacidad se encuentran las interpretaciones más subjetivas de participación y experiencias de privación. La pobreza participativa se refiere a la privación en la variedad de cosas que la gente puede ser inclusive la participación en la vida social y la inclusión en procesos de toma de decisiones (PNUD 2000). Esta forma de pobreza puede interpretarse tanto como un proceso de interiorización como un estatus impuesto externamente. Por ejemplo, a menudo el trabajo de las mujeres no se registra, y con frecuencia son excluidas de decisiones que podrían afectar su capacidad para participar en prioridades de desarrollo (Sweetman 2002). Pobreza consecuente A diferencia de estos conceptos de pobreza de una relación entre las necesidades y la privación percibidas del individuo, la pobreza consecuente, tal como se describe aquí, es el resultado de intervenciones deliberadas humanas y políticas sobre el medio ambiente natural o social. Los efectos perjudiciales pueden producir pobreza de participación, de ingresos o de capacidad. Las estructuras y los sistemas más comunes que crean pobreza son explotación de la mano de obra, deudas nacionales, guerras y conflictos, y el medio ambiente. Estos sistemas son estimulados, generalmente, por una reticencia motivada política o económicamente para salvaguardarse contra la explotación. Pobreza y grupos marginados Mientras algunas naciones son más vulnerables que otras a la pobreza, algunos grupos sociales tienen más tendencia a continuar siendo pobres en todo el mundo. Estos incluyen mujeres, personas con discapacidades, migrantes y personas en busca de asilo, personas con problemas de salud. De los 534 millones de trabajadores con bajos salarios, sesenta por ciento o más son mujeres en la economía informal. Ellos son los que enfrentan la discriminación social que les impide asistir a la escuela, trabajar y percibir un salario, y participar en la vida cívica (Informe de monitoreo global de EPT 2003). El DFID (2000) también afirma que sólo el uno o dos por ciento de los niños con discapacidad reciben educación. Cuando este nivel de educación se traduce a los adultos que pueden tener la educación suficiente para mantenerse, las perspectivas para los adultos que adquirieron su discapacidad en la niñez son exiguas. La documentación sobre los migrantes y las minorías étnicas generalmente también confirman que éstas experimentan desventajas sociales y económicas a través de vivienda y atención de baja calidad, y ambientes hostiles (Robinson and Reeve 2006). El ciclo de la pobreza y la desventaja educativa El derecho a la educación está reconocido por declaraciones internacionales como el Artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (UNESCO 2003). Así que, dondequiera que se niegue el derecho a la educación, esto se convierte en una cuestión de justicia social que afecta las posibilidades de vida de la gente de forma multidimensional. La pobreza reduce la realización educativa, que a su vez reduce la oportunidad de escapar de la pobreza. En varios casos, los niños de familias pobres son sacados de la escuela para ganar dinero en granjas o en empresas familiares (Ramachandran 2003). A las niñas se las hace dejar la escuela para cuidar a los hermanos; también niños y niñas son utilizados en el trabajo infantil para ayudar con los ingresos de la familia. Las familias pobres no pueden pagar los libros y la vestimenta, o los uniformes escolares. Las comunidades pobres, rurales, a veces ni siquiera tienen acceso a la enseñanza secundaria. Los pobres tampoco pueden pagar o disponer de tiempo para actualizar su educación. Esto hace que no puedan competir en el mercado laboral, creando así un círculo vicioso de bajos salarios debido a baja calificación. Los hogares menos educados son menos productivos, consiguen trabajos peor remunerados y, por lo tanto, permanecen por debajo de la línea de pobreza. Incluso cuando los niños van a la escuela, a menudo tienen hambre, lo que les impide concentrarse y aprender (Haller 2002). Cuando se requieren costos adicionales, como los costos compartidos de la incapacidad, familias enteras se ven afectadas. La necesidad de asistencia en sus vidas diarias quiere decir que la mayoría de las personas discapacitadas experimentan la exclusión social como resultado del sentido práctico y de actitudes hacia ellos y sus necesidades. Sin embargo, la educación de por sí no es necesariamente la panacea proclamada que indican los ODM. Existe evidencia que sugiere que un poco de educación puede hacer poco para mejorar las oportunidades de vida de las personas, especialmente si son pobres. Prácticas educativas negativas y positivas La siguiente tabla esboza algunas diferencias entre prácticas educativas positivas y negativas con relación a las cuatro dimensiones de la pobreza, tal como se describen en este trabajo. (Ver cuadro 1 endocumento adjunto) Educación negativa En algunos países es la educación desarrollada inadecuadamente la que produce pobreza de capacidad y participatoria. En otros casos, la naturaleza del proceso educativo en sí mismo puede producir circunstancias de pobreza para ciertos grupos sociales. Un indicador de esto es la potencial contradicción en los sistemas de escolarización donde el énfasis educativo en las habilidades y el individualismo pueden no tratar el tema de la desigualdad en sí misma. Además, y en particular para las personas que viven en zonas rurales de países en desarrollo, el conocimiento formal que se enseña en la escuela es a menudo irrelevante para las vidas cotidianas de las personas. Los recursos, que comprenden educadores y establecimientos, son insuficientes en cantidad y calidad, e incluso el calendario escolar imposibilita la participación cuando choca con el trabajo rural. La educación también puede ser una herramienta para el empoderamiento y la creación de capacidades para desafiar las desigualdades. He aquí algunos ejemplos. Educación positiva Las cuestiones de pobreza participativa pueden tratarse más eficazmente con educación participativa que concientice sobre los derechos, responsabilidades y potencial para el cambio. Los modelos del tratamiento de la pobreza participativa implican prácticas de educación inclusiva y procesos de reflexión-acción, generalmente en escenarios informales o no formales. Su enfoque educativo compartido es una mezcla de ambientes informales, de apoyo colectivo, donde se crea concientización sobre las estructuras a su alrededor que contribuyen a su pérdida de poder. Otros factores que necesitan estar en su lugar Un sólo enfoque de reducción de la pobreza no se ajusta a todas las situaciones. Sin embargo, parece haber algunos principios universales que engendran un ambiente propicio para las oportunidades de educación que contribuyen a la reducción de la pobreza. Entre ellos se cuentan las sociedades y la toma de decisiones ascendentes, el establecimiento de redes, llegar a las personas en sus entornos naturales, la consulta, el contacto cara a cara, la movilización social, la defensa de los derechos y el liderazgo comunitario, el apoyo a los educandos y un seguimiento adecuado. Los entornos más exitosos para los enfoques integrales, multisectoriales, reciben a menudo el apoyo de marcos legales institucionales y mecanismos facilitadores como una Ley de Educación, un Fondo de Fomento para la Educación, programas educativos básicos pertinentes y una estrategia integral de reducción de la pobreza y crecimiento del país (UNESCO 2002: 37-43). También los donadores necesitan sensibilizarse con respecto a los beneficios de este tipo de trabajo. Las estrategias exitosas raramente se concentran solamente en una agenda de aptitudes estrechamente definida. Generalmente adoptan programas específicos al contexto y culturalmente sensibles que recurren al conocimiento y las prácticas indígenas como punto de partida para aumentar la alfabetización y los conocimientos básicos de aritmética, por ejemplo. Si bien la educación ha sido vista por varios gobiernos nacionales como una herramienta importante para atacar la pobreza y la exclusión social, existe evidencia de que los factores que subyacen son mucho más vastos y profundos de lo que los tomadores de decisiones entienden comúnmente, y que es poco probable que cada área de la política social sea capaz de tratar el problema por sí misma. Los tomadores de decisiones tienen que considerar las consecuencias combinadas de las políticas y no verlas como estrategias aisladas. Cuadro 1
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